Archivos Mensuales: enero 2013

Cuidarse no es un lujo

cuidarse

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez más se habla de la importancia de cuidarse para cuidar, del autocuidado como fuente de bienestar, equilibrio y salud, pero ¿qué quiere decir exactamente cuidarse?

Mi amiga y compañera Cristina Silvente habla a menudo de la importancia del cuidarse para cuidar, de un modo claro y sencillo pero contundente. Hace tiempo que yo también quería aportar mi granito de arena a una cuestión que me encuentro muy a menudo en mi día a día, en una sociedad donde, desgraciadamente, todavía perdura la creencia errónea de que cuidarse es un lujo, un privilegio sólo de algunos, una cuestión de dinero y de tiempo.

Vivimos en una sociedad orientada a los resultados donde se sobrevalora la acción, el rendimiento, la productividad, la imagen… y donde se menosprecia la introspección, la fisiología y los ritmos y procesos del cuerpo y la mente. Se nos presiona para hacer y rendir en una cultura donde se fomenta cada vez más la competitividad y el estrés. Se sobrevalora el sistema de acción del estrés y, en cambio, se menosprecia otro sistema de acción, el de la calma, el amor, los vínculos, la socialización y la sanación (el sistema que regula una hormona llamada oxitocina, más conocida como la hormona del amor). Ambos sistemas son necesarios y sin uno no puede funcionar el otro.

Entre los profesionales de la salud, sabemos que es muy importante el autocuidado y que forma parte de nuestro trabajo, especialmente para aquellos profesionales que trabajan con Trauma. Los profesionales expuestos indirectamente a experiencias traumáticas (ya sea en la consulta, pasado un tiempo del acontecimiento traumático o en el mismo lugar y momento donde ha ocurrido éste) pueden desarrollar los mismos síntomas de estrés postraumático que si hubieran sufrido de forma directa el acontecimiento traumático (a ese tipo de traumatización le llamamos traumatización vicaria). Por eso, los profesionales que trabajan en Trauma tienen espacios con otros profesionales (tanto individuales como grupales) donde poderse expresar emocionalmente e integrar lo vivido. El autocuidado debería ser considerado como algo que forma parte de nuestro trabajo como profesionales que cuidamos al otro (terepeutas, psicólogos, médicos, infermeras, matronas…). Nos cuidamos para poder cuidar en mejor condiciones a las personas que atendemos en nuestro trabajo, y a nuestros seres queridos.

Gran parte de la recuperación emocional radica en cuidarse mucho, mimarse, identificar y satisfacer nuestras necesidades propias, especialmente en épocas de gran vulnerabilidad, de dolor físico y emocional. Hace tiempo que estudios científicos sobre el comportamiento  de nuestro cerebro indican que el dolor emocional y el dolor físico residen en el mismo lugar del cerebro. Una creencia errónea acerca de esto es la que sostiene que anteponer nuestras propias necesidades a las de los demás es ser egoísta y por ello muchas personas, sobretodo mujeres, tienen dificultades en tomar en cuenta sus necesidades y no sentirse culpables por ello. A muchas  mujeres nos han educado para satisfacer las necesidades de los demás y no las propias, a cuidar a los demás sin tener en cuenta nuestras propias necesidades. Esto ocurre en muchas madres, especialmente de generaciones anteriores.Hay un egoísmo sano que en ocasiones se confunde con egocentrismo. Ser egoísta no es lo mismo que ser egocéntrico.

Por otra parte, muchas personas severamente traumatizadas durante la infancia no han aprendido un patrón de autocuidado, puesto que durante los primeros años de vida no lo adquirieron de sus figuras de apego. Así, uno de nuestros primeros objetivos como terapeutas es dotar al paciente de recursos de autocuidado (aprender a calmarse sin necesidad de recurrir al alcohol o las sustancias, por ejemplo), en definitiva, aprender a cuidarse y a quererse a uno mismo.

Podemos buscar el propio bienestar sin remordimientos, premiarnos cada día con algo (un baño, un masaje, un paseo, preparar o pedir que preparen platos que nos gustan especialmente, leer un libro, escuchar música…). Los beneficios que nos aporta el hecho de cuidarnos son enormes. Optimiza nuestra salud física, ayuda a alcanzar un mayor grado de relajación y a sentirnos mejor y con más energía, mejora nuestra salud emocional. Poder disfrutar de un espacio y un tiempo para uno, alejado del estrés o la rutina diarias, en el que hacer actividades agradables, con o sin compañía, hará que nos sintamos con mayor capacidad y serenidad para afrontar nuestro día a día con más energía. Aunque nos resulte difícil, el esfuerzo vale mucho la pena. Se trata de una inversión en nuestra salud, tanto física como emocional.

La sociedad moderna está todavía lejos de aceptar e integrar la importancia del autocuidado. Muchas personas poseen creencias erróneas sobre este tema y tienden a juzgar a los demás. En ocasiones, oímos frases como “Aprovecha tú que puedes…”, “Que suerte tienes que puedes y tienes tiempo y/o dinero para cuidarte y hacer cosas que te gustan…”, “Que bien vives…”. En este sentido, existe una falta de comprensión y aceptación social. Alguien que se cuida es considerado menos productivo, alguien que dispone de más tiempo libre. Disponer de más tiempo libre no es sinónimo de ser menos productivo, así como trabajar más horas no implica necesariamente rendir más. Estar estresado y muy “ocupado” se sobrevalora. Sin embargo, a pesar de la falta de valoración social, si nos sentimos mal por sentirnos bien, por mimarnos y cuidarnos no es tanto por la mirada del otro que nos juzga, sinó más bien porque nos juzgamos a nosotros si lo hacemos.

Y es que cuidarse no es un lujo al alcance de algunos. Mimarse y cuidarse no requiere necesariamente tener recursos económicos y/o disponer de tiempo libre. Podemos hacer muchas cosas por las que no tenemos que pagar, disponiendo de algunos minutos al día, pero que valen mucho la pena y son una fuente de equilibrio, satisfacción, bienestar y, en definitiva, salud. Se trata de una cuestión de prioridades. Me cuido no porque tenga suerte o disponga de tiempo libre, sinó porque yo decido cuidarme. No es necesario hacer grandes cosas ni dedicar mucho tiempo. Saber disfrutar de las pequeñas cosas de cada día y estar conectados con nosotros mismos y nuestras necesidades, con nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro cuerpo es suficiente. Todos podemos hacerlo.

Meritxell Sánchez, psicóloga

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Fobia a conducir: Terapia EMDR

Muchas investigaciones demuestran que el material racional no se procesa en la misma área del cerebro que el material emocional, por lo que, en una parte del cerebro podemos saber algo y creerlo absolutamente, pero la otra parte del cerebro puede tener una reacción emocional muy intensa y perturbadora. Lo que la terapia EMDR parece hacer especialmente bien es conectar lo que sabemos con lo que sentimos.

Este vídeo muestra cómo la terapia EMDR es un abordaje psicoterapéutico basado en evidencia científica para tratar eficazmente problemas derivados de experiencias traumáticas como la fobia a conducir.

Terapia de Integración del Ciclo Vital

ICV

La Integración del Ciclo Vital facilita la integración neuronal y la rápida curación de adultos que han experimentado trauma complejo, abandono o desatención durante su infancia. El factor integral y único de la terapia de la Integración del Ciclo Vital es la incorporación de una Línea del Tiempo de recuerdos y de imágenes mentales. Durante la fase de integración del protocolo de la ICV se deja venir, cronológica y espontáneamente, un recuerdo o una imagen por cada año de la vida del cliente. Haciendo varias repeticiones del protocolo de la ICV los clientes alcanzan una comprensión profunda y a nivel corporal de que lo que ocurrió está en el pasado y ya no tiene más poder sobre ellos. Además, la terapia de Integración del Ciclo Vital permite que el cliente vuelva a estar en contacto con sus propios recursos y su propia fortaleza.

El cliente alcanza una nueva comprensión de sus propios patrones conductuales a lo largo de su vida.

La técnica de la Integración del Ciclo Vital permite que surjan los recuerdos de forma espontánea; debido a cómo son almacenados los recuerdos neurológicamente cada recuerdo que surja estará relacionado con el tema emocional que se haya abordado. El resultado será una visión panorámica de la vida del cliente que estará relacionada con el problema que haya presentado y que le dará una nueva comprensión de cómo sus patrones conductuales, a lo largo de su vida, han sido el resultado del trauma del pasado. Una vez que el cliente logra esta conciencia de hasta qué punto sus estrategias defensivas arcaicas se han convertido en reacciones, decisiones y patrones disfuncionales, entonces estará preparado para abandonar estas viejas defensas inútiles.

La Integración del Ciclo Vital conecta los recuerdos implícitos y los explícitos reduciendo, así, la ansiedad.

El proceso de la Integración del Ciclo Vital está basado en el cuerpo. El protocolo comienza centrándose en las sensaciones corporales del cliente y rastrea, durante todo el proceso, las redes neuronales asociadas con estas sensaciones. El proceso de la ICV parece ayudar al cerebro para conectar sinápticamente los recuerdos implícitos y el acontecimiento o acontecimientos reales en los que se originó el recuerdo implícito. Por medio de este proceso los clientes pueden ver la razón de estados somáticos o emocionales que antes parecían inexplicables. Una vez que se realizan estas conexiones durante el proceso de la ICV el cliente experimenta una reducción inmediata e importante de sus niveles de ansiedad. Este cambio en el nivel de ansiedad permanece estable, es decir, la ansiedad que antes era crónica continuará disminuyendo.

El protocolo de la Integración del Ciclo Vital recrea las condiciones necesarias para la integración neuronal.

El protocolo de la Integración del Ciclo Vital incorpora las condiciones que se ha demostrado que son importantes para una integración neuronal adecuada, tanto en bebés como en niños. Estas condiciones son:

  • Una relación recíproca y comprensiva entre el adulto y el niño.
  • Una conexión corporal sólida con las emociones.
  • Un intercambio de energía e información entre las mentes del adulto y el niño.
  • La co-construcción, entre el adulto y el niño, de la narración autobiográfica de éste.

A través de las repeticiones de la Línea del Tiempo de recuerdos e imágenes el cliente desarrolla la capacidad de verse a sí mismo como “un” Yo unificado que existe de forma continua y fluida a través del espacio y del tiempo. De acuerdo con los más destacados neurocientíficos* se cree que ese mapa mental del Yo a través del espacio y del tiempo es el elemento central de la integración neuronal.

La Integración del Ciclo Vital aborda un amplio rango de problemas psicológicos.

Se pueden utilizar versiones modificadas del protocolo básico de la Integración del Ciclo Vital para el tratamiento de muchos trastornos psicológicos que tienen su raíz en una integración neuronal insuficiente. Estos trastornos incluyen la anorexia, la bulimia, los trastornos de ansiedad y las dificultades con la regulación emocional. También se puede utilizar una versión modificada del protocolo básico de la Integración del Ciclo Vital para integrar estados del ego disociados en los clientes con T.I.D.

Los resultados terapéuticos muestran una evidencia de cambio a nivel sináptico.

Los clientes que han completado la terapia de Integración del Ciclo Vital informan de:

  • Adquieren una sensación de que su yo es competente, capaz, sólido y digno de amor.
  • Capacidad para abandonar estrategias defensivas arcaicas.
  • Aumenta su capacidad para disfrutar de la vida y de las relaciones íntimas.
  • Mucha mejor capacidad para regular sus emociones.
  • Un repertorio emocional más amplio.
  • Un estilo de apego más seguro.

Más información en: http://www.lifespanintegration.com/