Cuidarse no es un lujo

cuidarse

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez más se habla de la importancia de cuidarse para cuidar, del autocuidado como fuente de bienestar, equilibrio y salud, pero ¿qué quiere decir exactamente cuidarse?

Mi amiga y compañera Cristina Silvente habla a menudo de la importancia del cuidarse para cuidar, de un modo claro y sencillo pero contundente. Hace tiempo que yo también quería aportar mi granito de arena a una cuestión que me encuentro muy a menudo en mi día a día, en una sociedad donde, desgraciadamente, todavía perdura la creencia errónea de que cuidarse es un lujo, un privilegio sólo de algunos, una cuestión de dinero y de tiempo.

Vivimos en una sociedad orientada a los resultados donde se sobrevalora la acción, el rendimiento, la productividad, la imagen… y donde se menosprecia la introspección, la fisiología y los ritmos y procesos del cuerpo y la mente. Se nos presiona para hacer y rendir en una cultura donde se fomenta cada vez más la competitividad y el estrés. Se sobrevalora el sistema de acción del estrés y, en cambio, se menosprecia otro sistema de acción, el de la calma, el amor, los vínculos, la socialización y la sanación (el sistema que regula una hormona llamada oxitocina, más conocida como la hormona del amor). Ambos sistemas son necesarios y sin uno no puede funcionar el otro.

Entre los profesionales de la salud, sabemos que es muy importante el autocuidado y que forma parte de nuestro trabajo, especialmente para aquellos profesionales que trabajan con Trauma. Los profesionales expuestos indirectamente a experiencias traumáticas (ya sea en la consulta, pasado un tiempo del acontecimiento traumático o en el mismo lugar y momento donde ha ocurrido éste) pueden desarrollar los mismos síntomas de estrés postraumático que si hubieran sufrido de forma directa el acontecimiento traumático (a ese tipo de traumatización le llamamos traumatización vicaria). Por eso, los profesionales que trabajan en Trauma tienen espacios con otros profesionales (tanto individuales como grupales) donde poderse expresar emocionalmente e integrar lo vivido. El autocuidado debería ser considerado como algo que forma parte de nuestro trabajo como profesionales que cuidamos al otro (terepeutas, psicólogos, médicos, infermeras, matronas…). Nos cuidamos para poder cuidar en mejor condiciones a las personas que atendemos en nuestro trabajo, y a nuestros seres queridos.

Gran parte de la recuperación emocional radica en cuidarse mucho, mimarse, identificar y satisfacer nuestras necesidades propias, especialmente en épocas de gran vulnerabilidad, de dolor físico y emocional. Hace tiempo que estudios científicos sobre el comportamiento  de nuestro cerebro indican que el dolor emocional y el dolor físico residen en el mismo lugar del cerebro. Una creencia errónea acerca de esto es la que sostiene que anteponer nuestras propias necesidades a las de los demás es ser egoísta y por ello muchas personas, sobretodo mujeres, tienen dificultades en tomar en cuenta sus necesidades y no sentirse culpables por ello. A muchas  mujeres nos han educado para satisfacer las necesidades de los demás y no las propias, a cuidar a los demás sin tener en cuenta nuestras propias necesidades. Esto ocurre en muchas madres, especialmente de generaciones anteriores.Hay un egoísmo sano que en ocasiones se confunde con egocentrismo. Ser egoísta no es lo mismo que ser egocéntrico.

Por otra parte, muchas personas severamente traumatizadas durante la infancia no han aprendido un patrón de autocuidado, puesto que durante los primeros años de vida no lo adquirieron de sus figuras de apego. Así, uno de nuestros primeros objetivos como terapeutas es dotar al paciente de recursos de autocuidado (aprender a calmarse sin necesidad de recurrir al alcohol o las sustancias, por ejemplo), en definitiva, aprender a cuidarse y a quererse a uno mismo.

Podemos buscar el propio bienestar sin remordimientos, premiarnos cada día con algo (un baño, un masaje, un paseo, preparar o pedir que preparen platos que nos gustan especialmente, leer un libro, escuchar música…). Los beneficios que nos aporta el hecho de cuidarnos son enormes. Optimiza nuestra salud física, ayuda a alcanzar un mayor grado de relajación y a sentirnos mejor y con más energía, mejora nuestra salud emocional. Poder disfrutar de un espacio y un tiempo para uno, alejado del estrés o la rutina diarias, en el que hacer actividades agradables, con o sin compañía, hará que nos sintamos con mayor capacidad y serenidad para afrontar nuestro día a día con más energía. Aunque nos resulte difícil, el esfuerzo vale mucho la pena. Se trata de una inversión en nuestra salud, tanto física como emocional.

La sociedad moderna está todavía lejos de aceptar e integrar la importancia del autocuidado. Muchas personas poseen creencias erróneas sobre este tema y tienden a juzgar a los demás. En ocasiones, oímos frases como “Aprovecha tú que puedes…”, “Que suerte tienes que puedes y tienes tiempo y/o dinero para cuidarte y hacer cosas que te gustan…”, “Que bien vives…”. En este sentido, existe una falta de comprensión y aceptación social. Alguien que se cuida es considerado menos productivo, alguien que dispone de más tiempo libre. Disponer de más tiempo libre no es sinónimo de ser menos productivo, así como trabajar más horas no implica necesariamente rendir más. Estar estresado y muy “ocupado” se sobrevalora. Sin embargo, a pesar de la falta de valoración social, si nos sentimos mal por sentirnos bien, por mimarnos y cuidarnos no es tanto por la mirada del otro que nos juzga, sinó más bien porque nos juzgamos a nosotros si lo hacemos.

Y es que cuidarse no es un lujo al alcance de algunos. Mimarse y cuidarse no requiere necesariamente tener recursos económicos y/o disponer de tiempo libre. Podemos hacer muchas cosas por las que no tenemos que pagar, disponiendo de algunos minutos al día, pero que valen mucho la pena y son una fuente de equilibrio, satisfacción, bienestar y, en definitiva, salud. Se trata de una cuestión de prioridades. Me cuido no porque tenga suerte o disponga de tiempo libre, sinó porque yo decido cuidarme. No es necesario hacer grandes cosas ni dedicar mucho tiempo. Saber disfrutar de las pequeñas cosas de cada día y estar conectados con nosotros mismos y nuestras necesidades, con nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro cuerpo es suficiente. Todos podemos hacerlo.

Meritxell Sánchez, psicóloga

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