¿Para qué sirve ir al psicólogo?

FuturEn nuestra sociedad, decir que vamos al psicólogo o que estamos haciendo psicoterapia todavía nos produce incomodidad. Algunos motivos están relacionados con que la profesión de Psicólogo no es valorada socialmente en nuestra sociedad, que es lógico que protejamos nuestra privacidad e intimidad, creencias erróneas como que el sufrimiento es normal, que pedir ayuda es ser vulnerable o débil y que uno solo tiene que resolver sus problemas y no expresar el malestar…

Además, existe cierta confusión acerca de qué es un Psicólogo y qué hace. Para nosotros los Psicólogos también puede resultar complejo explicar qué hacemos, tan acostumbrados a trabajar con las emociones y las sensaciones. Hay múltiples orientaciones y enfoques psicoterapéuticos que no ayudan a formarse una visión clara de lo que hacemos. Hay psicoterapeutas con orientaciones y maneras de trabajar muy diversas. Unos utilizan herramientas y técnicas potentes, otros aplican terapias breves y otros más largas (pero no por ello menos efectivas), unos proponen un trabajo profundo, indagando en las causas para conseguir cambios profundos y otros proponen un trabajo centrado únicamente en los síntomas y no en las causas, unos utilizan terapias corporales, otros neurofisiológicas, psicoanalíticas, cognitivo-conductuales, etc.

Ir al psicólogo sirve para muchas cosas. Sobretodo, para aumentar la fortaleza y la seguridad y confianza en uno mismo. Sirve para aumentar la autoestima, para potenciar las capacidades y los recursos que todos tenemos, para sentirse bien, para mejorar las relaciones con los demás, para aprender a valorarnos y a hacernos valorar por los demás. Ir al psicólogo sirve para disminuir o eliminar la perturbación, la angustia, las sensaciones corporales o los síntomas fisiológicos. Sirve para resolver historias del pasado que nos están afectando en la actualidad, a pesar de que en ocasiones no seamos conscientes de ello, para resolver temas pendientes, elaborar duelos por pérdidas que hemos sufrido, cerrar círculos, sanar heridas y procesar experiencias dolorosas y traumáticas de nuestra historia que muchas veces están asociados al malestar actual, aunque pensemos que esas memorias antiguas estaban dormidas, que ya lo habíamos olvidado o superado o pensemos que no puede ser que el pasado tenga que ver con nuestro presente, con lo que nos ocurre ahora.

Pero el psicólogo, por muy buen psicoterapeuta que sea, no tiene una barita mágica. Una de las herramientas más potentes es el EMDR, pero como todo abordaje psicoterapéutico, tiene que estar dentro de un marco terapéutico, donde terapeuta y paciente acuerden los objetivos a trabajar y dentro de un marco temporal. Los psicólogos no hacemos magia y ninguna herramienta, por efectiva que sea, es la panacea. No decimos al paciente lo que debe hacer, no le cambiamos, ni le damos la solución a sus problemas, sinó que le ofrecemos las herramientas y los recursos para que el paciente pueda cambiar y resolver sus problemas y sus dificultades.

Me gusta utilizar un par de metáforas para describir este proceso a mis pacientes: Imagina que eres un atleta. Yo soy tu entrenadora. Ambos tenemos la misma meta. Mi tarea consiste en guiarte hacia la meta, mostrándote los recursos y las herramientas para que llegues, pero yo no puedo correr por ti. Lo mismo si imaginas que eres cocinero. Yo te daré los ingredientes que necesitas para hacer esa receta tan rica, pero los ingredientes debes mezclarlos tú, yo no puedo hacerlo por tí. Eso sí, en ese proceso en el que te guío y acompaño, intentamos que siempre sea desde el lado de la fortaleza, de la seguridad. Es decir, ir al psicólogo no significa ir a sufrir más, a sentirnos más inseguros, a desestabilizarnos aún más. En muchas ocasiones, será necesario abrir la caja de pandora e indagar en lo que está ocurriendo, pero eso no implica remover por remover, sin más. Hay personas que les da pereza o sienten miedo ante la idea de remover el pasado o aspectos que hacen daño pero, aunque se llegue a abrir esa caja de los recuerdos y a trabajar cosas que nos provocan emociones desagradables, la abrimos poquito a poco, siempre dentro de un marco de seguridad y potenciando sus fortalezas y capacidades, adaptándonos al ritmo del paciente, dándole más recursos para ir obteniendo más seguridad y fortaleza para avanzar en ese proceso.

Para buscar un buen psicoterapeuta, debemos tener en cuenta una serie de aspectos que podemos comprobar y buscar por la red. Un Psicólogo capacitado para hacer psicoterapia debería ser un licenciado en Psicología colegiado, en formación contínua en Salud Mental, Psicopatología y Psicoterapia, contar con amplias herramientas psicoterapéuticas, experiencia clínica y que muestre coherencia, es decir, que reciba supervisión, que haya realizado un trabajo personal y que se cuide. Podemos encontrar referencias e información si tiene web o blog, si escribe artículos, si imparte cursos, charlas o talleres, si pertenece a alguna asociación o entidad, etc. Si nos lo recomiendan, es útil comprobar los cambios que ha realizado esa persona durante la terapia, por qué nos lo recomiendan…

 En definitiva, sufrir no es necesario. Podemos y merecemos sentirnos bien y hacer los cambios que necesitamos para estar satisfechos con nuestra vida y con nosotros mismos. Cuando nosotros cambiamos, todo cambia a nuestro alrededor. Nadie ha dicho que sea fácil pero el esfuerzo vale mucho la pena, sobretodo cuando empezamos a ver los primeros cambios y empezamos a sentirnos mejor.

Meritxell Sánchez, Psicóloga-Psicoterapeuta

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