Nuevo testimonio de una paciente

stock-photo-9949748-mental-health-wordsSiempre me consideraba una persona fuerte que podía conseguir lo que quisiera. ¿A qué precio? Me consideraba feliz o por lo menos contenta… en fin tenía éxito laboral, amigos, hobbies y… muy poco tiempo. Siempre andaba estresada.

Perseguía con desesperación ser lo que consideraba una persona exitosa, capaz de hacerlo todo, pensé si demuestro a todo el mundo y también a mí misma lo que soy capaz de hacer, acabaría siendo feliz, respetada y me sentiría segura. Visto desde mi punto de vista de hoy, era evidente que tenía que estrellarme. También cierto es, y ya de alguna manera siempre lo había sabido, que era una excusa para no cuestionar mi vida, yo misma no me dejaba tiempo para ello.

Pues bien, sin saber cómo ni por qué me iba desmotivando hasta acabar en un estado de total desesperación e impotencia. Mi cerebro a veces me engaña y lo tiendo a recordar como si me hubiera caído de golpe en un agujero negro, pero no es cierto, era un proceso largo, no sabría decir cuándo empezó. Lo iba negando hasta que realmente llegué a ese punto de no poder más.

El agujero para mí no era sentirme muy triste o algo así, también me pasaba, pero lo peor de todo era que a partir de algún momento ni siquiera sabía ya cómo me sentía ni mucho menos por qué. Había desconectado de mi misma y no tenía idea de qué me pasaba, ni cómo o con qué luchar. Estoy acostumbrada a problemas y a buscar soluciones de manera metódica, pero allí me encontraba ante una cosa tan difusa, no veía ningún motivo claro para mi estado y ni siquiera tenía claro cuál era mi estado… tenía que acudir a un profesional que me lo explicara y me ayudara. Así no podía seguir y no sabía a dónde tirar.

Acabé en la consulta de Meritxell, insegura, a ver que me esperaba allí. Ojalá no se ría la psicóloga de mis problemillas, ojalá no me mire mal… eran unas de mis preocupaciones…. No hizo nada de eso y hoy sé que mis problemas y yo sí valemos ser escuchados y ser tenidos en cuenta. Todos valemos tener un oído abierto para lo que nos preocupa.

En fin, y cómo no, todo venía de antes, experiencias de mi infancia, juventud, exparejas…, una serie de lo que llaman traumas y microtraumas, que he ido tapando y escondiendo en un lejano rincón de mi alma. Menos mal que tarde o temprano la Caja de Pandora se abre sola… sino probablemente aún estaría locamente buscando el éxito profesional para olvidarme de mi existencia.

Durante mi terapia volví a todos esos recuerdos dolorosos para digerir lo que en su momento no he podido, o bien porque era muy pequeña o porque era demasiado grave o por lo que sea. A todos nos pasa supongo que nos encontramos a lo largo de la vida con situaciones que nos pueden.

A veces hablan de vaciar la mochila que llevamos con nosotros, me gusta la expresión porque describe muy bien lo que he vivido. Con cada sesión me sentía un poco más ligera y más fuerte también. Todo este peso que inconscientemente llevaba siempre conmigo desaparecía porque me di cuenta de lo que hace años era grave, hasta traumático ahora ya no lo es pero como no me había atrevido a mirar hacia atrás y enfrentarme a ello no podía saberlo.

Hoy ya no tengo tanto la necesidad de demostrar nada a nadie, ni tengo esa convicción de tener que trabajar duro y renunciar a mis necesidades y deseos para merecer el cariño de los demás, ni me siento inferior a nadie. Me atrevo a ser auténtica y sobre todo he recuperado la ilusión por las cosas bellas de este mundo. La vida es un regalo y casi lo había olvidado. 🙂

J.Z.

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