Archivos Mensuales: noviembre 2014

De cómo sané mis heridas como madre y como mujer

Martí a GramuntellTe hago llegar lo que he escrito. Espero que sirva para que otras personas sepan que existe una salida para cualquier dificultad que nos plantea la vida. Y, sobretodo, que con tú ayuda es mucho más fácil encontrarla. Gracias por todo!!

“Todos mis deseos se habían cumplido cuando a los seis años de casarme y tener mi negocio propio, me quedé embarazada. Nunca pensé que aquella felicidad que sentía sería mi futura desgracia. Un indeseable posparto, hizo desmoronar toda aquella felicidad, que sin saberlo, había sido durante todo ese tiempo, una ilusión óptica. El dolor físico de la episiotomía, el no tener conocimiento sobre la lactancia materna, etc.., me hicieron sentir rechazo hacia mi hijo. Sentía que me dominaba, que me maltrataba al darle el pecho, porque era muy doloroso…Llegué a odiarlo y querer volver al trabajo para que aquel dolor desapareciera.

A través de Meritxell conocí la verdad. El hecho de haber sido una niña enfermiza, con miedo al rechazo y al fracaso, me hizo ser sumisa y vulnerable, con todos los que me rodeaban. Gracias a ella, me dí cuenta que era capaz de hacer las cosas y que tenía valor suficiente para plantarle cara a la vida.

Ahora he conseguido resurgir de mis cenizas y me siento con fuerza para seguir viviendo al lado de los que me quieren”.

Elena Nogueira (noviembre de 2014)

Anuncios

Primera parte del testimonio de una paciente

Euskadi 240Llegué a la consulta de Meritxell desesperada, ya que creía me hallaba sumida en una depresión posparto, o peor, en la locura. No conseguía dormir más de una hora al día, estaba en tensión permanente, no me sentía con fuerzas de estar a solas con mi bebé, tenía la tensión disparada. Ya me estaban medicando con ansiolíticos y a causa de ello, tuve que suspender la lactancia materna, por lo que aún me sentía peor, mala madre, cobarde… que a la mínima tiré la toalla. Recuerdo que no era capaz de hacer las tareas diarias, todo requería de un esfuerzo sobrehumano. Me pasaba el día llorando, no podía parar. Me sentía inmersa en un oscuro túnel, sin salida, sin aire, en la desolación más absoluta.

¿Cómo después de un embarazo deseado y bastante plácido me sentía así? ¿Tener un hijo no era lo que más deseaba? Porqué entonces no era capaz de conectar con él, lo sentía como un intruso y ya no podía cuidar ni de mi misma? ¿Cómo después de un parto invasivo, pero que había llegado a buen puerto y a dos días de subidón, de euforia, de felicidad por tener a mi bebé de repente había cambiado todo a peor? Los pensamientos repetitivos se sucedían: tienes una depresión profunda, no saldrás de ésta, acabarás loca e internada, tu marido te dejará, esta situación no puede mejorar. El sentimiento era de desesperación absoluta. Había tenido períodos bajos y oscuros en mi vida, un runrún de insatisfacción continuo, que alguna vez se había desbordado, pero nada en comparación con esto. Incluso llegué a pensar que si mi hijo desaparecía, se acabarían mis problemas. No hasta el punto de quererle hacer daño u algo parecido, pero  le achacaba a él el origen de mis problemas. Él era el causante de todo mi malestar. Gracias al apoyo de mi marido y de mis padres, pude desentenderme algo de cuidar de mi bebé, no tenía la presión de hacerlo sola. Durante los dos primeros meses, nunca estuve sola con él todo el día, necesitaba que me ayudaran.

Al principio con Meritxell tratamos estos temas, pero luego fuimos ahondando con la terapia en mi pasado y en todas las cosas irresueltas de mi vida que eran muchas. Al empezar a entender mis actitudes, comportamientos, comprendí que la maternidad había actuado como catalizador impulsando todos mis miedos hacia el exterior de una manera brutal. Me había despojado del adormecimiento que imperaba en mi vida hasta ese momento, en el que seguía comportándome como una niña, asumiendo roles infantiles de no enfrentarse con las cosas, no madurar, en las relaciones con mi madre, etc. Y me había dejado completamente desnuda, sólo ante mi verdadero yo y después de tantos años ocultándolo, no me reconocía. Por eso, no pude soportarlo y el estrés me invadió (continuará…).

Laia A. Noviembre de 2014

Testimoni: El creixement personal d’una adolescent a la consulta

IMG_1551

Em dic Ariadna i tinc 17 anys. Vaig començar 1er de Batxillerat amb molta il·lusió i ganes, però no em va anar com em pensava. Vaig tenir problemes amb els meus pares i finalment vaig estar a punt de tocar fons. Em veia molt desanimada. El meu pare ho va notar i em va recomanar anar a un psicòleg perquè creia que ell no em podia ajudar. Vaig començar una teràpia que, a més de fer que estigués més animada, em va fer recuperar l’optimisme. Vaig començar a ser més jo mateixa, a expressar-me amb facilitat i sobretot a parlar amb els meus pares, apropar-me a ells i millorar la nostra relació. M’he notat més alliberada. Ara no em costa somriure.

Ariadna Neira, 28 de juliol de 2014