Archivos Mensuales: agosto 2018

Nuevo testimonio

foto-0791Empecé la terapia con Meritxell unos meses después de que naciera mi hija. Ya en el embarazo me sentía removida y pensé que acudiría a ella si no estaba bien en el posparto. Su nacimiento coincidió con muchos cambios en mi vida, tanto internos como externos. Al no ser primeriza, tenía un niño de 4 años, no di tanta importancia al proceso del embarazo/parto/posparto y sufrí las consecuencias. Ansiedad, pensamientos oscuros, sensación de estar atrapada, desmotivación, falta de energía. Todo ello no era nuevo para mi. Desde mi primera crisis de ansiedad al terminar la carrera había tenido en diversas ocasiones problemas similares.

Meritxell me ayudó a relacionar situaciones vividas en la infancia y adolescencia con situaciones que en la vida adulta no sabía afrontar y confusiones que dificultaban mis relaciones con los demás y también conmigo misma. Hablamos de la muerte de mi padre que me había llevado a congelarme como método de supervivencia: no sentir para no sufrir, que tenía sentido en su momento pero que era un mecanismo obsoleto. En una sesión de EMDR sentí claramente como me había “hecho la muerta”, como un animal que se camufla de su enemigo, y las consecuencias que había tenido en mi vida. En otra sesión le hablé de la habitación oscura, ese lugar dentro de mi al que me daba miedo entrar, pero que evitarlo era también impedir el paso a una ventana que da a un jardín lleno de posibilidades.

Hablamos de todo lo que nos viene dado por la familia y la sociedad, y cuanto cuesta encontrar el camino propio, posicionarse a veces en contra de la expectativa. De lo difícil que es vivir la maternidad compatibilizándola con la pareja, con el trabajo, con la vida social. La contradicción de querer aprovechar cada minuto con los niños sabiendo que su infancia pasará y a la vez necesitar liberarnos del rol de madre, encontrar espacios propios. Es muy fácil hablar con Meritxell porque no es la figura fría de un terapeuta distante si no que habla de su experiencia, da su opinión, se muestra humana.

Terminé la terapia sintiéndome más fuerte, más capaz de dirigir mi propia vida, libre de decidir mi camino a cada paso. Y también consciente de las limitaciones, las impuestas y las propias, pero sin tanta lucha, más en paz y presente. Gracias Meritxell por ser profesional y persona, fuerte y vulnerable.

E.B.    22/8/2018

 

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